Caminamos sin decir palabra, tienes tu mano cerca de la mía, tanto como si fuera tu intención tocarla, a veces sospechaba que solo pretendías rozarme con tu piel. Llegamos al auditorio dejando atrás el pasillo en el que la casualidad nos cruzó. Ambos eramos miembros de aquel viaje, tu en teatro y yo en danza, el destino era el festival cervantino de Guadalajara. Al entrar al auditorio te perdí de vista entre la multitud y me quede con la imagen de tus fuertes piernas en la mente. Qué suerte la mía, nos tocó estar en el mismo autobús. Las primeras horas no me parecías corresponder a mis miradas, no sé como me atrevía dártelas si eres el delirio de todas las alumnas en varios colegios de la capital, pero algo había en tu existir que me impedía dejar de intentar hacerme notar ante ti.
Una brusca maniobra del chofer y tu rostro giró hacia mi lugar, me apené tanto que vieras tu reflejo en mis ojos que me acurruqué como animal cobarde entre mis cachivaches de viaje. La tarde prosiguió entre miradas cada ves mas coquetas y frecuentes. Los compañeros comenzaron a jugar dentro del camión y entre el desorden imperante aprovechaste y tomaste el lugar vacío detrás de mi asiento. Yo con precaria simulación me senté a tu lado , pero el relajo de los compañeros llegó a nosotros y no nos quedó mas que participar en sus ocurrencias. Con el cambio del valle a las montañas llego una fuerte lluvia y la tarde se oscureció. Entre la privacidad del momento me acariciaste el tobillo, me tomaste por sorpresa, no habíamos cruzado palabra y tu mano ya me seducía.
--¿Hace calor, no crees?. me dijiste
-si, un poco.
No dijimos nada más pero tu mano se entrelazó con la mía bajo la complicidad de tu abrigo de cuero. La noche nos rodeo y el cansancio atrapó a varios en el autobús. Por eso me atreví a acostarme sobre tu pecho cuando me lo pediste, nadie nos podía ver.
-Te quiero.
Por respuesta me diste un beso, mi primer beso.
Acaricié tus piernas y tu estrechaste aún mas nuestros cuerpos, seguramente hubiéramos hecho más de no habernos detenido a cenar en un restaurante de paso.
Desde entonces hasta llegar al hotel tus amigos te llamaron y los mios me apartaron de ti. El resto de la noche no pude dormir, solo quería verte ya.
Al día siguen te comenzaron nuestras actividades, yo me presentaba en un plaza cívica y no te vi en todo el día, cuando retorné al hotel no tenia esperanzas de toparme contigo, pues seguramente tendrías cosas que hacer.
Entré a mi habitación, los demás compañeros de cuarto se fueron a conocer la ciudad. Me tumbé en la cama y prendí el televisor pero sin retener la atención en algún canal en especial. Casi me dormía cuando llamaste a mi puerta.
Te vi ahí con la sonrisa más bella que pudiera concebir, sin decir nada entraste y me tomaste por la cintura mientras me aturdías con tus besos. Caíste sobre mi cuerpo y fuiste una cobija cálida para mis solitarios anhelos de amor. Me besabas con pasión y mi voz era frágil ante el placer que solo podía gemir. Me presionaba el calor de tu entrepierna y me mataba la intriga por revelar el bulto debajo de la tela. Te quitaste la playera y tomas le mía. Pude ver el cuerpo que tanto elogiaban tus admiradoras, moreno como la canela y de piel tersa como las dunas de un desierto.
Me ponías la mano sobre la cremallera del pantalón cuando llamaron a la puerta. Nos vestimos rápido y abrí mal simulando mi nerviosismo. Cuando los demás te vieron pusieron cara de extrañeza y luego de burla cuando su mente perversa les hizo formular obscenidades. Les dije que solamente entraste a pedir el teléfono de la habitación por que en el tuyo no servía. Supongo que no me creyeron pero bueno, ya no dijeron nada del asunto.
El resto de la tarde fueron de mensajes por el celular, eres todo un poeta, me decías cosas realmente bellas. Y me dormí con la ilusión de amarnos en un noviazgo.
Los siguientes días no te vi, las jornadas culturales eran muy pesadas y desgastantes, el poco tiempo libre lo dedicábamos a dormir. En el hotel habían estudiantes de todo el país, Verónica, de Tamaulipas, me cayó bien y en pocos días la sentí como una hermana. Me hablaba de un amor imposible por la distancia y yo ingenuo le animaba a creer en él. Se enamoró de uno de los participantes del festival, pero la lejanía de sus residencias les impedían amarse.
Me lo presentó el ultimo día que pasamos en Guadalajara. Teníamos una fiesta de despidida y la noche pintaba para ser imborrable en las memorias de todo adolescente. Te vi llegar, lucias tan apuesto con tu cabello mojado, recién salido de la ducha. Detrás de ti llegó Verónica.
Fue cuando me llego desconcierto, venían tomados de la mano. Tenias la mirada agachada cuando Verónica te presento con mucho entusiasmo. Con la sonrisa escupiendo odio, te di un apretón de manos y te mire fijamente el rostro traicionero. Me retiré de la fiesta y regresé a la habitación del hotel. Me deje caer en llanto y convertí mis sentimientos en grueso grafito para que jamás vuelvan a sentir... ni ilusión ni desamor.
No me importa el amor, no me importa que me quieran, el mundo es un vil juego de pendejos.
PD: "chocolate" me confió su primera experiencia amorosa con un hombre. Le rompieron las ilusiones y desde entonces ya no se le ve ningún animo de amar nuevamente. Te hago esta historia amigo mío con todo mi aprecio. Muchas veces te he dicho, casi peleando que es tonto amargarse por el pasado, pero entiendo tus razones, eres un ser sensible.
Llegará algún día ese por quien tu anhelas, aunque no lo admitas.
Saludos
4 comentarios:
Una historia de desamor muy bien narrada. Me gustó mucho.
BESOS
Mmmhh iba a escribir para decir que ese "desamor" no era para tanto, quizá solo por la corta edad se siente que el mundo se va a acabar pero en realidad no es para tanto. Pero pensándolo un poco más ahora recuerdo que a mí alguna vez me pasó algo similar y sí es bastante feo, aunque lo superes se te queda algo para bien y para mal.
Qué buena historia, la narración es excelente. Pero lo importante es que siempre se aprende algo de esas situaciones
Saludos!
Dark Bitter Chocolate, lo prefiero al chocolate con leche, demasiado suave, sin sabor.
Me ocurre igual con las experiencias que la vida me ofrece. Las prefiero intensas aunque no sean frecuentes, mucho menos duraderas. Por cortas y escasas que sean me hacen sentir vivo. La rutina, aunque necesaria y da vida, a mi me mata. Soy un ser tanático.
Un beso
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