"Si Marco pudiera ser fiel escultor, no dudaría en plasmar en el más noble mármol las memorias de aquel fin de semana..."
Las clases de pintura habían tomado ya otro significado, más que una necesaria herramienta para desarrollar sus habilidades en el trazo y el pincel, se había convertido en una especie de parche para ocultar su soledad. Cada que terminaba la clase, solía quedarse solo, disfrutando de ese breve silencio con sus cuadros. Lo más doliente era salir del taller de su maestro y tomar el transporte que lo llevase a su domicilio, una modesta casa a unos metros de la playa. Bañarse, arreglar su hogar y marchar al trabajo es la monotonía que le sigue como estigma. Hacía ya mucho que nadie compartía la cama con él. Quizás tuvo cuerpos desnudos a su lado, pero ninguno que le procurara placer, solo eran seres que tomaban algo de su incipiente madurez corporal para luego partir.
Cada que tenía oportunidad, viajaba a la capital para asistir a los conciertos de la sinfónica. Sin la pretenciosa etiqueta del teatro, muchas veces llegaba con sus playeras manchadas de oleó y con fuerte olor a aguarrás que usa en sus proyectos, lo que le merecía severas miradas de la sociedad mas inflada de la élite de la capital. Poco le importaba, el es un simple melómano que quiere saciar su hambre de música. Con el tiempo conoció a algunos miembros de la orquesta,becarios de algún conservatorio, pianistas, violinistas, solistas e incluso al director de la orquesta. Muchos de ellos eran mercenarios del sonido que viajaban por el mundo en busca de lugares donde ofrecer sus servicios. Así podía haber llegados de cuba como de la vieja Europa, que residían en la ciudad lo que durase la temporada de conciertos.
Un concertista de violín acaparó la atención de Marco cierta noche. Su porte con la espalda erguida y los brazos a la altura del pecho, su ímpetu en la ejecución del instrumento y la mirada desbordada de entrega al sonido cautivó al joven aspirante a pintor. Con el tiempo supo su nombre: Karol. En las improvisadas tertulias que surgían al termino de las presentaciones se dio el primer encuentro entre ambos, nada afortunado pero tampoco desdorado, solo fue una simple presentación de sana cortesía entre ambos, ahí todo quedo.
Karol partió, es solista y sus compromisos con diversas batutas le hace viajar de forma constante. Meses pasaron sin que Marco volviera saber de aquel violinista, siempre que había alguna función de la sinfónica leía el programa esperando ver el nombre de su obsesión escrito en él. El tiempo trajo dispersión de pensamientos en el pintor, problemas de dinero mermaban la frecuencia de sus clases, cada vez le era más difícil procurarse de recursos para su genio creativo.
Llego con resignada tristeza al taller de su maestro, probablemente fuese la última clase que tendría en mucho tiempo, sacó sus pinceles y se encerró en las marcas de pintura en el lienzo, no quería desperdiciar la clase.
Ruidos provenientes del portón de la casona de su maestro distrajo la atención de todos, cálidas carcajadas de fraternidad se oían por el pasillo. Karol entra por la puerta del taller seguido de su amigo el maestro.
Marco se quedó prendido de su imagen, oculto entre los caballetes y cuadros de sus compañeros se refugió la inquieta sensación en su piel mientras veía como el concertista exploraba con curiosa mirada el taller de pintura. Recordó su lienzo y se devolvió a la tarea de terminarlo.
--tienes buen trazo.
"gracias" pronunció el pintor sin mayor reparo. Aquella voz le abandonó y siguió deambulando por los estrechos espacios del recinto. Fue cuando Marco levanta la vista y ve aquella poderosa espalda disimularse entre el desorden del taller. Dejó su cuadro y busco conversación con él. Pronto quedo mas cautivo de su persona. Su presencia es acogedora y firme, su voz tenue pero con peculiar fuerza masculina, de plática labrada por su basta cultura y de refinados modales en su desenvolvimiento con los demás.
Se terminó la clase y el maestro despidió a los alumnos. Karol sigue los pasos de Marco, que al contarle de su vida cerca del mar, prendió la curiosidad del músico y acompañó al pintor hasta el puerto. Llegaron a buen tiempo, en el firmamento el sol ya bostezaba sus rojos matices antes de entrar la noche. Caminaron en el muelle, disfrutando del penetrante olor marino y su brisa de severas caricias y entre palabras y palabras les llegó la noche. Llegaron a la casa de Marco, quién apenado por la humildad de su hogar pretendió distraer la atención de su invitado con preguntas acerca de su conciertos, viajes y planes a futuro. Karol solo escuchaba y respondía divertido a las cuestiones. Estaba sentados en un polvoriento mueble del recibidor, afuera se podía escuchar el eco de las olas violentas en su azote en la costa, dentro música de cabaret perfumaba el ambiente.
Un beso puso pausa a todo ese ambiente. Se entregaron ambos a las ansias mutuas del momento. Como si de un violín se tratase, Karol tomó con sus firmes manos el tímido cuerpo de Marco, lo puso junto a su pecho y se dispuso a interpretar una erótica melodía. Usando su mirada lograba afinar el placer de su bello instrumento, coordinando movimientos, pausas, ritmos y tiempos, para que culminase magistralmente aquella intima función.
Marco no pudo mas que pretender plasmar palmo a palmo aquel digno ejemplar del cuerpo masculino. Sus firmes carnes, sus seductoras lineas que delimitaban aquella imagen que bien podría ser producto de algún artista griego, inundó su solitaria piel de calor.
En la mañana hubo modesta pero sincera despedida. Ambos disfrutaron estar acompañados uno del otro durante el silencio de la noche. Pero Karol tiene que partir, sus sonoros compromisos le llaman llevándolo a cada vez mas lejanos destinos. Marco se dispone a poner punto final a ese encuentro, pero es el violinista quien parece querer dejar todo en puntos suspensivos, como una pausa que se presenta en forma de preludio para el crescendo de una pieza musical.
Marco toma el transporte hacia la capital, sigue viajando solo, pero le acompaña el mármol que va esculpiendo en su mente dando relieve a las memorias de aquel fin de semana. En sus manos esta el programa del concierto de esta noche, es la última presentación de Karol en la ciudad. Cuando el público se puso de pie aplaudiendo al termino de la velada, una amplia sonrisa salio del concertista que atrapo Marco perdido en algún punto en la inmensidad del público.
PD: Dedicado a "Marco", gracias por compartirme este recuerdo tuyo, espero que pronto llegue el interprete de la hermosa sinfonía que te espera.
saludos
6 comentarios:
Una bella historia, toda poecía, la he disfrutado como no tienes idea.
Muy buena historia (:
Genial Historia
Besos!!!!
Gracias por el comentario que me dejaste, sos un encanto.
Luego regreso a leerte.
BESOTES GUAPO
aaah duele la historia
duele!!
pero es hermosa!... aveces el artes es un espejo, vez cada cosa y te sorpendes de aquello.
Saludoos!! :)
Estupendo relato, me encantó. Además pone de manifiesto que sos muy bueno para contar historias.
BESOTES Y BUEN FINDE!!!
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