Ayer, fue día de ver el ego inflado. Cerca de la casa en que vivo esta una tienda de autoservicios a la que vamos con cierta frecuencia. Desde las primeras semanas de haber llegado a esta ciudad, me fijé de un cajero en particular, el único hombre de no mas de 23 años entre una hilera de mujeres de 4 décadas. Procuraba dirigir sutilmente a mi madre en la caja que el estuviera solo para verlo un poco más de cerca y yo me hacía el interesante frente a él, pero no lograba quitarle la atención de códigos de barras de los artículos. Así han pasado 10 meses, en los que inútilmente trataba de cumplir el reto personal de robarle una mirada.
Es algo más bajo que yo, pero de complexión atlética y un semblante agradable aun con el uniforme del trabajo puesto. Con un rostro gruñón que me encanta y su voz cortante, fría y áspera. Nunca había logrado hacerme notar hasta ayer.
Fue un día de arreglos en la casa, por lo que mi madre no cocinó y me mando al supermercado por algo de comer, estaba echo un desastre, tenia una playera sucia y sudada, que combinaba horriblemente con una bermuda verde y tenis converse desgastados, y ni que decir de mi cabello que era un mar de cabellos sin algún orden aparente. Entré al establecimiento, tomé algunos alimentos y sin mayor cuidado me puse en la fila hacia los cajeros. Casualidad o no, el caso es que me atendió el cajero de aspecto gruñón.
Estaba algo apenado por mi pésimo aspecto, pero vi necias mis preocupaciones si el ni siquiera me notaba. Pasó el cliente delante mío mientras veía como el cajero daba el cambio de monedas sin mirarlo siquiera. Cuando yo me puse frente a él, alzo la mirada y la fijo en mi cara, y sin quitarla cobro el monto y me invito a sacar una tarjeta en el establecimiento de cliente frecuente, tenía pereza de hacer algún tramite pero insistió y cedí. Tomó un papel y anotó mis datos, nombre, domicilio y al llegar a teléfono noté que se puso nervioso y jugaba ansiosamente con las manos y el bolígrafo. Tarde en contestar y el alzo la mirada y pregunto nuevamente:
-Su número por favor.
Lo miré directamente y se intimidó con mi mirada y volvió a bajar el rostro esperando una respuesta de mi parte. Estaba interesado en mí, eso era claro, pero no sentí necesidad de darle mi número, que seguramente quería para algo más que darme una tarjeta de precios especiales.
--No tengo.
Sin mirarme y deteniendo los movimientos del bolígrafo me dice secamente:
-Celular o correo electrónico
--No, no tengo nada de eso.
Levantó la pluma del papel y la arrugo con el formulario incompleto, tomo una tarjeta de un cajón y me la dio de forma brusca. Tomé mi compra y vi que lanzaba el papel con mis datos al bote de basura. Me dirigí a la salida, pero antes volví la mirada y descubrí al cajero viéndome con una mirada de orgullo herido. Cuando me vio mirándolo, con un movimiento altivo y mirada indignada se voltea y sigue cobrando a los demás clientes. Mientras yo salgo riéndome en mis adentros.
Saludos
11 comentarios:
jajajajaja eres un malvado!.. pero entre mas te hace a desiar te convierte en un fruto prohibido en deborarte! jo jo jo.
SAludooos!!
Que maaaalooo, no me hubiera gustado estar en el lugar del cajero.
Demonioss! Eres un malvado!!
Pero bueeno, hahaha.
Qué malo eresssssss. JEJEJEJE Yo que tú le hubiera dado mi número celular, correo electrónico y direeción de mi blog jojojo. Ok no.
Pero síiiiiiiiiiiii. Así que regresa y ve por él!!
Saludos
Lo hacés porque sabés que sos lindo y muy comestible, jejejejeje!!!
BESOTES HERMOSO Y BUEN DOMINGO
Eres un malo malisimo malvado malote.
Jajajaja
Siempre hay que ir delante de todos.
:D
Besos
Que malo eres!!!!!
Heyyyyyyy pobre cajero, eso aqui se llama histeriqueo o sea histeriquearle a alguien, jajaja
Abrazzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzoo
Bs As Argentina
Pero que mala onda, sólo por que es cajero?! jajaja. Yo le hubiera dado el tel pero dudo que saldría con él.
Publicar un comentario