jueves, 26 de marzo de 2009

Las reposteras


Su mirada triste en las primeras semanas de libertad desapareció entre agobiantes tareas escolares. Atrás quedaron las ganas de volver con sus padres,  Merit tenia el espacio por el cual luchó.Su delicada figura tenia que sacar inusitada fuerza para soportar la carga de pesadas jornadas en la universidad, el arreglo de su departamento y sacar tiempo para el trabajo  y los amigos.  Al cabo de unos meses se sentía desfallecer y buscó alguna compañera  para vivir juntas y compartir los gastos y demás menesteres de todo estudiante.

Una luminosa mirada entró por el vestíbulo, una cabellera roja como un atardecer con unos labios de tenue rosa le ofrecieron una amplia sonrisa a Merit.

--¡hola! soy Andy, vengo por el anuncio que dejaste en el tabloide de avisos.

La presencia de la nueva inquilina trajo nuevos brillos al departamento. Entre los pocos espacios que les dejaban sus obligaciones, fueron conociéndose y entregándose en confidencia. Charlas hasta altas horas de las noches, llantos compartidos, tardes de películas con guerras de almohadas y reuniones en la cocina donde descubrieron el talento de ambas para la repostería.

Se pierde en el tiempo el momento exacto en que la amistad paso a la atracción y de ahí al amor. La costumbre no les previno de su destino cuando comenzaron a dormir juntas, a llegar de improviso abrazándose por la espalda, a terminar con los rostros unidos por el silencio tras jugar con las almohadas.

  Justo dejaba Andy una tarta de frutas rojas dentro del horno, cuando Merit en un momento de ocurrencia infantil, le lanzó un puñado de la harina que les había sobrado. La otra, en venganza, toma por municiones las frutas que sobraron. Se cayeron trastos con mezclas de huevo y leche, en las paredes estaban manchas como rastro de la batalla de comida. Sus ropas parecían mas charola de alguna panadería que tela para cubrir sus cuerpos. Pronto se vieron sin nada que aventarse y se lanzó la una sobre la otra. Entre jaloneos y amistosos golpes, se rasgó primero la blusa de Merit, luego se perdio la falda de Andy, le siguieron los zapatos, se extinguió el orden de sus cabellos y la rudeza de su pudor. Un beso rompió la delicada distancia que aún las separaba, el sobrecogimiento de descubrirse desnudas, las dudas en sus manos y cierto temor como eco lejano surgían entre ambas en el suelo sucio de aquella cocina.

Conocieron todo rincón en sus cuerpos, no hubo curva que quedara sin el roce delicado de sus manos. Supliendo al macho, ambas en sexo pecaminoso se entregaron. Gemidos, jadeos y respiraciones interrumpidas por el escape del placer, no dejaron ver a Merit y Andy el transcurrir del tiempo, quemándoles la tarta en el horno.

Fue el único postre que les ha salido mal, llevan 4 años viviendo juntas. Emprendieron un pequeño negocio de pastelillos, abandonaron los estudios y a sus familias, tomaron por destino una ciudad desconocida y en una casa pequeña daban cabida a su amor. Como las ganancias de sus pasteles aún no les permite establecerse en local,  a la hora de la salida de una escuela cercana, van juntas, tienden un mantel sobre una improvisada mesa y ofrecen sus postres a los padres y sus hijos. Fue ahí donde mi madre las conoció, muchas veces me habla de ellas, de lo bien que saben sus panes y a veces lleva alguno de sus bocadillos a la casa. Les tomó cierta simpatía a aquellas jóvenes, en este lugar la gente es hostil y en ellas encontró amigable trato(cosa muy rara en la sociedad de esta ciudad). Por lo que me decía mi madre sobre ellas, parecían que eran chicas de noble carácter y  plática agradable. 

Hoy la buena impresión de mi madre sobre aquellas mujeres se esfumó. Después de conocerlas un poco, se enteró que no eran hermanas (como ella pensaba), si no "compañeras" como ellas se decían. Mi progenitora me dio las razones para su suspicacia."No tienen novio, "viven juntas y no son familia", "se tratan muy cariñosamente" ,"Puede que sean lesbians..." Ese fue el tema durante la comida el día de hoy. Tras escuchar las palabras salidas desde la moral conservadora de mi madre le dije: Y ahora que sabes esto, ¿sus panes dejarán de tener ese peculiar sabor casero que te gusta?

Ella solo quedó en silencio y tras encoger los hombros, tomé su respuesta como darme la razón.


No conozco siquiera el nombre de alguna de esas reposteras, ignoro si la historia que les relaté tenga algún parecido con sus vidas. Simplemente me dejé llevar por los caudales impredecibles de la imaginación.

Me pregunto si mi madre aún comería mis panes si supiera mi verdad.





saludos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena historia, me gustó mucho. Y creo que te tu madre, a pesar de su estricta moral, comería tus panes, pues ante todo, sos su hijo.
Me encantó el post.

BESOS

Anónimo dijo...

Muy elogioso tu comentario, te lo agradezco mucho (algún día sabré cuál es tu nombre), sos encantador.

BESOS

BRILLI-BRILLI dijo...

Grandiosa historia,como la vida misma.Y espero que tu madre siga disfrutando de esos panes,como ellas de su amor.
bESOS

Anónimo dijo...

Me conmovió.
Y lo demás, que le vamos a hacer? así era la educación de hace algunos años en provincia, debemos vivir con ello, al fin de cuentas las cosas van cambiando
Besos TQM

The Passenger dijo...

jajajaja, bolleras a más no poder!

No pero en serio, creo que es una de tus historias que más me ha gustado porque es la que para mí, por mi edad, es la que más se acerca a la verdad. Para mí México es el país más tolerante para la simulación del mundo. Pueden tolerar hasta a Juangabriel mientras se simule, aunque sea burdamente... pero en el primero momento en que no encuentren una razón para hacerse weyes, en que las cosas se vuelvan claras (in your face)... se rompe el encanto.

* Aunque me parece sospechoso que la última vez que regresé a México mi sacro santa familia ya no me preguntó si tenía novia... también a lo mejor es que mis primos han ayudado con las alimañas trepadoras que se han conseguido como novias.

trendt dijo...

suponer no es saber y en ese lapso breve que divide el negro del blanco en un sutil gris es donde los miedos y las proyecciones se esconden