Nika Kurkusova-Mermaid
Vougue UK.
Me he propuesto retomar la bonita costumbre de venir aquí y
escribir.
Muchas cosas han pasado desde que inicie este blog,
demasiadas. Poco quedan de los motivos que llevó a aquel niñato puberto a escribir.
Todo era lamentarse por las añoranzas, lamentándose de manera escrita por todo aquello
que quería vivir y no tenía. Eso ya pertenece a mis recuerdos de la bella tragedia
de la adolescencia. No es que ya me
sienta un señor, pero ya entrar a la edad de los 20 te hace tomar con un poco más
de distancia las cosas.
También la vida se ha vuelto muy generosa conmigo. Corrijo.
Siempre lo ha sido, yo era el que no tenía la paciencia para esperar el devenir
de los recuerdos. Hasta la fecha mi debilidad es caer en desesperación por la
lentitud del tiempo. Pero ya no pierdo de vista el contexto de vida que tengo y
me nublo la mente por la lejanía del horizonte. No importa a donde lleguemos ¡siempre
habrá un horizonte que alcanzar! Y eso me ha ayudado a encontrarle el lado
amable al camino de crecer y aprender. Era un estado de idiotez constante donde
solo me quejaba por todo lo que no había vivido. Ahora vivo en “slow motion”
podría decirse. A veces es asfixiante, pero he aprendido a ver los detalles,
los colores de los días (ningún día tiene el mismo color al otro). Eso me
permite elegir los tonos correctos para pintar el cuadro de mi destino.
Intentaré resumir en un párrafo lo que he vivido desde que
inicie este blog hasta la fecha.
Descubro mi sexualidad, el amor hacia otro hombre a los 13
años. Las artes y los libros son mi calzado de viaje desde entonces. Niño ejemplar del colegio con un pasado acomplejado
por su peso saliendo en silencio de un año de bulimia. Conozco al francesito ,
el primer amor, ese que me hizo acercarme a la poesía y disfrutar el llorar por alguien. Amor oculto
que nunca dirigí. Mudanza. Me marcho no
sin antes de tener a mi primer novio. Luis. En mi exilio muero de amor por él
quien me ve la cara. A un niño enamorado de 14 años siempre le ven la cara. De
la selva tropical a la profundidad del desierto del norte. Odié aquélla tierra,
miento, odié a su gente, pero sus paisajes aún hoy los añoro. Llega Orestes
quien me hace una linda promesa, quizás la única que me han hecho y cumplido,
se propuso mostrarme lo lindo de vivir en ese desierto y lo logró. Pero todo
aquel año fue vivir cuesta arriba. Un milagro. Mi padre, el gran dictador
primigenio me ofrece vivir solo aún sin cumplir los 16 años, de vuelta en mi
tierra natal. Acepto. Un año más extraño a Orestes, intentando ocupar la mente
entre sexo hipócrita con desconocidos. En esos días llegó Yasir, un chico de 24
años saliendo conmigo. De ahí aprendí que es vivir con alguien. Pero pese a
todo Orestes me seguía como una sombra. Aparece Carlos y sin permiso se instaló
en mi vida. Lo que creí que sería una simple noche de pasión de tantas se
volvieron los 2 años más complejos de mi vida. Conocí el amor puro, su comienzo,
su construcción. Supe a que sabe el engaño y me quedo el sabor del reproche.
Nuestro amor fue denso, intenso, casi como una tragedia griega… y todos sabemos
cómo terminan esas historias. Hacia ahí se
dirigían nuestros pasos hasta que él tuvo más valor y me dejó. Descubrí que
recordar a estar solo no es tan difícil como creía. Por esas poderosas
confabulaciones del destino acepté las reiteradas ofertas de mis padres de
volver a vivir con ellos a cambio de estudiar en una de las mejores escuelas de
diseño del país. No me arrepiento. Los primeros meses me he quejado como un león
enjaulado, sufriendo la pena de ser un Dionisio frustrado. Pero en ese tiempo
me acompaño la pantomima de mi ex. Hablando como sí aún nos perteneciéramos. Salgo
del closet, pretendo salirme de casa contando con el apoyo de Carlos,
nuevamente me mandan a la chingada. Y ahora aquí estoy y con una sonrisa fresca
en la cara.
Bueno fracasé en el intento de escribir esta reseña en un párrafo,
mas bien se volvió cuartilla. Y no dejo de reprocharme el no haber incluido
muchas cosas.
Mis desvaríos actuales no son más que la consecuencia de
maximizar mis lamentos por suponer que en estos 4 años que viviré aparentemente
de nueva cuenta con mis padres no serán igual de ricos e intensos que los años
que he descrito en mi resumen. Pero desde unos meses hacia aquí renovado
optimismo me ha invadido. Todo depende de nuestra perspectiva y la mía ha
cambiado.
Mis horizontes se han expandido, cambian constantemente pero
veo con alegría que ya he comenzado a dejar atrás destinos que nunca creí
querer alcanzar. Descubrí mi pasión por el diseño quien llego a mí como hija huérfana después de
desenterrar las verdades de aquellos que se llaman artistas visuales hoy en
día. Recuperé la cordura y ayudado por fracasos del destino renuncie a ser ese
pretencioso gurú que se pasea por la vida ostentando tener (los mas humildes
pretenden alcanzar) la respuesta al goce visual y que al producir pura mierda
se justifican diciendo que el arte es para unos pocos. El arte debe ser honesto
y tarde o temprano me iba a cansar de ser un maquilador hipócrita de accidentes
visuales. La mejor manera que he encontrado del goce del arte ha sido dibujar
para mí, prefiero que mis dibujos sean sinceros antes que buscar ser el nuevo
santo de adoración de aquellas iglesias llamadas galerías o museos que están
concurridas por fanáticos que no se distinguen mucho por su mente abierta como
los fanáticos religiosos.
He escrito bastante y no quiero perder la ilación, además el
cigarro ya casi se acaba. Pero lo que he escrito ha sido suficiente como para
sembrar en mí de nueva cuenta la semilla de querer pasearme por aquí. Esta vez
vengo con el papel de jardinero. Luego vendré con nuevas plantas a este
jardín de mi intimidad que arrojo al
espacio a merced de desconocidos que puedan leerme.
¡Habemus blogger!

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