domingo, 7 de marzo de 2010

Regresando a esos días de niño chechón




Han pasado cosas que han modificado sustancialmente muchas conyunturas en mi vida. No sé si tenga tiempo para ir comentando al respecto. Son cosas buenas, muy positivas, que conllevan un pequeño "pero". Implica reducir aun más la posibilidad que me niego a dejar, de algún día volver a salir con orestes. En fin... les dejo esta simpática semblanza de la semana que me ha alegrado el fin de semana.


He sido objeto de algún hechizo del destino o lo que fuere, pero en estos días me he sentido y he sido tratado como un chicuelo de 5 años...Lo que me ha dejado "chiple" =)

El jueves pasado no tuvimos clases y un amigo invito al salón a ver películas en su casa, como siempre de 20 se asoman 5 en fin. Resulta que su casa(una casa al que lujos no le falta) está en el primer barrio que alberga recuerdos en mi mente. Se llama San Sebastián, uno de los 5 barrios coloniales que se trazaron desde la fundación de la ciudad, por lo mismo la zona de la sensación de estar en una burbuja del tiempo donde pasa de una manera pesada, sabiendo los años que trae tras de si aquellas paredes pretenden negarse a caer. Ahí viví de mis 3 a 5 años y si tengo muy presente las tardes que pasé ahí junto a mis padres.
Por las tardes mi madre me llevaba a comprar en una modesta panadería que es manejada por 2 ancianos. Su pan es único en la ciudad, lo hacen como en los pueblos lo que le da un sabor peculiar que esta grabado en mis memorias. Años pasaron, casi 10 en que he vuelto ha poner pie en ese barrio colonial. Después de las películas (vi up! =)) me dirigí sin mayor esperanza de encontrar abierta aquella panadería, suponía que la fragilidad de aquellos 2 ancianos habían cedido al destino. Pues no, ahi seguía aquel matrimonio de ancianos, compré mi pan y me sentí pequeño de 3 años nuevamente. =)


Sábado en la tarde.
Antes de salir me miró al espejo, una barba de 10 días se asoma en el reflejo. Me rasuro y me vuelvo a ver. El rostro lampiño brilla y me toco el cuerpo viendo que los indicios de mis horas en el gimnasio ya quieren aparecer. Tomo mi ropa y tomo transporte para llegar a ver a mis abuelos.

Mis abuelos son un matrimonio de esos que podría decirse ejemplar. Criaron con severa disciplina a mi padre y tíos y ahora disfrutan con benevolencia a sus nietos y se dedican a viajar en cada oportunidad a algún destino, disfrutan su vejez y no se quedan a quejarse dentro de su casa.
La casa de mis abuelos es una simpática construcción algo estrecha pero con mucha amplitud a lo largo, y en ese terreno mi abuelo ha tenido por afición lo mismo que la cria de cerdos, gallinas, que ahora su estudio donde aprende computación y es invadido por una horda de gatos.Recuerdo en las mañanas cuando salía con canasta en mano junto a mi abuela para recoger los huevos de las gallinas, yo solo me comía los morenos, los blancos se los dejaba a mi abuelo, quien también prefería los morenos. Mi abuela son de esas que tienen manos prodigiosas en la cocina y se torna de mirada severa si no se acaban las generosas raciones calóricas que sirve a los comensales.

La imagen que encuentro todos los sábados al llegar es una casa naranja resaltada por el penetrante brillo dorado de la tarde, a veces en el pórtico, otras en la sala, pero siempre sobre una silla mecedora (si que cliché) encuentro a mi abuela y su revista de sopa de letras y crucigramas que resuelve no sin hacer uso de alguna que otra trampa.

--!Qué galán esta este chico, ya rasurado, y esos lentes de roquero¡
así me recibe la que es por definición y no solo por estereotipo, la enemiga acérrima de mi madre. Yo le sonrío y le doy un beso en la mejilla por respuesta, sin preguntar si quiero comer o no se dirige a la cocina, me sirve generosos platos y luego, ya listos y dispuestos en la mesa pregunta "¿vas a comer?
Que estudiante que vive solo le dice no a un platillo casero.
En eso salé mi abuelo, un anciano de gran parecido en maneras y gestos con el viejito de Up, abré la puerta de su habitación y sale a ser saludado, gesto que tiene que ser hecho por todo quien visite la casa so pena de mal mirarlo. Generalmente se le tiene que ir a tocar a su puerta para saludarle.
El sale cuando sabe que llegué.
Mi madre me comenta que causa de disgusto fue el hecho que mi abuelo no hubiese abrazado a su primer nieto, sino que al primero que abrazo fui yo al nacer(soy el segundo), lo que causó rivalidades entre mi madre y mi tía(hija de mi abuelo) Ahora llegó y suelo saludar a mi abuelo con las cortesías debidas y solemos caer siempre en pequeñas tertulias acerca de política y de caudillos revolucionarios. Cosa que no hace con los demás nietos que ya están en la adolescencia.

Es en esta casa, y esas personas quienes me dan calurosa bienvenida cada fin de semana que los visito.

Pero esta vez me volví a sentir como cuando mis padres por algún viaje me dejaban a su cuidado y me la pasaba jugando en el patio. Recuerdo con cariño las idas a la panadería de la mano de mi abuela para que cruzar la calle, que ironías, ayer después de tiempo incuantificable, volví a ir de la mano de mi abuela hacia la panadería, la misma a la que me llevaba de niño, también íbamos de la mano, solo que ahora yo sostengo a mi abuela para ayudarle a caminar...como cambian las cosas en unos años. Nuevamente me dice mi abuela
--"escoge tu pan hijo" y recuerdo como antes tenía que ponerme de puntillas para alcanzar el panecillo que siempre escogía, ahora sin mayor esfuerzo llegué a el.

Esa noche me dio un ataque de alergia, tosía y tosía y mis abuelos, así es, me llevaron al médico, no hicieron caso a mis frases de "no es nada", "ya se pasará", "me siento bien" y el doctor parece que colaboró a ponerle la cereza del pastel en mi regresión infantil.... me dejo una inyección!! además de pastillas.

Como niño chiquito admito que me dio cierto nerviosismo cuando entró al consultorio una enfermera poco agraciada y de gran corpulencia a aplicarme la ámpula, me alce la camisa para dejar libre mi brazo y con una mirada me señala los pantalones, si... me tenía que inyectar en las nalgas justo de frente con mis abuelos. No recuerdo cuando fue la ultima vez que mis glúteos fueron profanados, pero si, dolió y poco falto para que mi abuela pidiera una paleta para calmar mi gesto de "ay ay ay" al sobarme las pompas.

Después, ya en la casa, antes de dormir, me cubrí con las cobijas y mi abuela me apaga la luz y me da las buenas noches.



Una pequeña semblanza de la que ahora es mi familia ante la lejanía con mis padres y hermano.

mis abuelos son lo máximo ^^


2 comentarios:

Ivan Brown dijo...

Wow! el destino si que es caprichoso... Que afortunado eres por tener aun abuelos. Yo solo tengo dos abuelas viudas :S

Me atrapó tu narración, muy divertida y profunda. Espero que el destino te siga sorprendiendo con sus gracias.

un abrazo! :D

ruben dijo...

ami tambien me atrapo tu narracion. me gustan los barrios coloniales, desafortunadante en la ciudad q vivo no hay mucho de eso. es como viajar en el tiempo cuando andas camibnando por allos.
espero q sigas bien en tus cosas y cuidate mucho.
pd: tengo una duda, me gustaria q me la saqes, en q ciudad vives?
GRILLO